Por Maritza Morales

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar Lisboa en Portugal y vivir una experiencia que me llenó de gran aprendizaje. Todo sucedió en un espacio de 20.5 metros cuadrados, en donde durante cuatro horas entre buenos amigos y un desconocido hasta ese momento, descubrimos desde distintos ángulos un proyecto que ha logrado el éxito y el posicionamiento en los primeros lugares de esa ciudad, gracias al carisma, audacia, pericia y profesionalización del creador de éste.

El personaje de nacionalidad brasileña, que ha tenido la oportunidad de vivir en varios países alrededor del mundo, Mike Taylor, sommelier y dueño de Bottega Montucci, nos llevó de creer que íbamos solamente a catar vinos portugueses a vivir una experiencia religiosa que el ha bautizado como “El vuelo”.

Con una copa de vino espumoso nos explicó la dinámica del momento, nos informó las opciones de productos que ofrecía y los costos de cada uno, dejándonos saber desde el primer momento que los productos que ofrece son todo menos “baratos”. Aceptamos dejarnos llevar por el vuelo más alto que incluía catar vinos de lo más extraños acompañados de historias y buen humor.

Cada que transcurrían los minutos nos quedaba más claro el porqué ha logrado llevar al éxito su negocio, en el que solo participa Mike y un asistente para atender a máximo ocho personas a la vez.

Durante las horas que estuve en el lugar llegaron clientes de distintas nacionalidades y hablando distintos idiomas, pero Mike parecía leerlos desde que ponían un pie en la puerta de la entrada, los recibía con un saludo amable, los invitaba a pasar e inmediatamente comenzaba a entablar conversación amena para ofrecerles el “producto” más adecuado de acuerdo al perfil de cliente desde su punto de vista, el cuál siempre acertaba ya que al terminar de consumir los productos los clientes salían con un buen sabor de boca y satisfechos con lo que habían consumido.

En estas horas que duró la experiencia pudimos reafirmar que para lograr el éxito de un negocio es necesario una suma de elementos, comenzando con tener siempre bien claros los objetivos, hacer las cosas con pasión (lo que sin duda Mike demuestra en cada copa que sirve), conocimiento sobre el tema y productos que se ofrecen, nichos de mercado bien definidos, productos de calidad, enfoque en el servicio al cliente, servicios complementarios que generen ingresos extras, creatividad y un plan de marketing definido, ya sea utilizando medios de publicidad, relaciones públicas o “Word of Mouth”.

Al finalizar el vuelo lo que nos llevamos fue un sabor de boca inmejorable, y no solamente por los vinos y alimentos que probamos, sino por las historias, aprendizajes, risas compartidas y un nuevo amigo en aquella ciudad. Sin duda para mí, los mejores euros invertidos.

Actualmente las personas pagamos por tener experiencias únicas, lo cuál reta a las empresas y negocios a especializarse, prepararse y evolucionar rápidamente de acuerdo a las necesidades de los consumidores.